Dominical y arena

Ya no tengo miedo a los domingos,
porque dejaron de ser víspera de tristeza,
porque ya no son la antesala de lugares feos,
ni de personas que, a plena luz del día, te chupan la energía.

Ahora son la resaca de momentos felices,
de sonrisas y lágrimas que forman parte mi trabajo,
de sentir que se difumina la frontera,
entre la felicidad de la vida privada,
y de aquella por la que siendo yo, la gente me paga.

Ya no necesito colchones que amortiguen el golpe,
ya no hay atascos en el corazón,
tampoco se taponan mis ilusiones y por fin,
he eliminado mi lista de espera de sueños por cumplir.

He tenido que poner anuncios en el cielo,
pidiendo nuevos sueños para poder seguir soñando,
he tenido que admitir y no lo consigo,
que lo que estoy viviendo es imposible haberlo imaginado.

Ya no tengo miedo a los domingos,
porque se han disfrazado de viernes familiares,
a los que les sigue un día como el lunes,
repleto de ilusiones y retos alcanzables.

Ahora todo está comunicado,
y siento que mi felicidad personal es la materia prima,
con la que trabajo para ganar una vida,
que hubo un tiempo… que al menos de lunes a viernes,
sentía cuarenta horas perdida.

Los domingo ya no existen,
porque todos los días tienen sentido,
como el do, re, mi, fa, sol, la, si.
pareja, familia, y equipo.

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